Visitante, bienvenido seáis. Ante vuestros ojos se alza Bokerovania, recortada contra las eternas nubes y enfrentada a un mar que no conoce la calma.
Recorred sus calles y avenidas, sus edificios, sentid el frío que guarda tras su muro helado y el calor que se esconde en algún que otro lugar.
Dejad vuestra huella en la nieve grisácea que cubre el empedrado, vuestras manos marcadas en la escarcha de los cristales, dejad marca en esta ciudad.
Pero recordadlo, sois visitante, Bokerovania se puede observar, incluso sentir, pero no podéis permanecer aquí. Sólo hay un habitante en Bokerovania, y jamás habrá más de uno.

Y sobre todo, entrad sin miedo, a pesar de lo que podáis ver...

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lunes, junio 27, 2005

Mil...

Mil flechas cayeron sobre su pecho, atravesando su armadura, antes de que pudiera empuñar su lápiz.

El guerrero seguirá luchando, porque no sabe hacer otra cosa.

miércoles, junio 08, 2005

Últimas noticias desde Bokerovania

El Mercader vagó por las calles de Bokerovania, siguiendo la voz del viento, y buscando al Sol Gris.
Cuando finalmente lo encontró, estaba en un pequeño apartamento, tan alejado de todo y de todos como podía estarlo. Excepto por la Tristeza, que allí estaba de nuevo, amándolo hasta que sus lágrimas se mezclaban en un sólo río.
El Mercader se dirigió al Alquimista Negro y le ofreció, una vez más, como hizo antaño, su oscuro trato: "Pide lo que quieras Señor Oscuro, aquel que como Cuentacuentos escuchó mi historia del Viento y me dio forma en su ciudad. Te será concedido, y a cambio sólo tendrás que darme tu dolor, tu pena, tu sufrimiento. Todo aquello que ya no deseas. Véndeme una vez más tus sentimientos, como hiciste entonces."
Pero el Sol Gris le contestó: "Estos sentimientos no son sólo míos, lo sabes. No puedo vendértelos. Y aunque pudiera, no lo haría. Déjame sentir el dolor, déjame amar a la Tristeza, permite que sienta que sigo vivo aunque sea a través de los puñales que se clavan en mi alma.
El Mercader insistió: "Olvido, eso traigo para ti. Olvido puro, deshidratado, listo para tomar. Olvida que tu propia estupidez te hizo ganarte el desprecio de quien ahora anhelas. Olvida que el dolor que sientes es consecuencia de aquello que tú mismo forjaste en otra persona. ¡Derrite el hielo que rodea Bokerovania y vuelve a vivir más allá de tu ciudad helada y de tu querida Tristeza!"
Y el Alquimista Negro le respondió: "No tengo el poder de derretir el glaciar, ni deseo hacerlo. Prefiero estar aquí, con mi querida Tristeza en mi ciudad helada a permitir que otra llama se acerque lo suficiente como para dejar una nueva cicatriz en mi corazón. Y ahora vete, desaparece, y déjame amar a la Tristeza."
El Mercader se marchó, y se fundió con las tinieblas. Y el Sol Gris, el Señor Oscuro, el Alquimista Negro, permaneció en brazos de la Tristeza a la espera de que su alma cicatrizara y de nuevo el sol saliera en sus dominios.

jueves, junio 02, 2005

Sucedió un día

Aquel día, el Sol Gris, el Alquimista Negro, el señor de Bokerovania vió más allá de los confines de su ciudad una luz brillante y hermosa. Atraído por ella desplegó sus alas de oscuridad viscosa y cambiante, y desde la Torre del Reloj alzó el vuelo ocultando al Luna.
Pero cada cosa tiene un sitio, y el Juez de Todas Las Cosas no podía permitir que el Sol Gris saliera de Bokerovania. Así que del cielo cayó un rayo que atravesó el corazón lleno de cicatrices del Sol Gris, disolviendo sus alas, y haciéndole caer. Un reguero de fantasmas de lágrimas y gritos muertos y mudos acompañó al Señor Oscuro en su caída, perdiéndose en una zona de tinieblas cercana a la Avenida Carmesí. Sobre Bokerovania, las nubes volvieron como antiguamente habían cubierto la Ciudad.
Bokerovania se ha quedado sin señor. Nadie sabe su paradero. Algunos piensan que murió, y que el fin de Bokerovania está próximo. Otros creen que la Tristeza lo recogió y ahora ambos están escondidos, amándose noche y día.
Lo único cierto es que una figura del pasado, algo que trajo el viento a oídos del Cuentacuentos y cobró forma física para atormentar al Alquimista Negro, ha atravesado las murallas de Bokerovania antes de que estas se volvieran a alzar tomando forma de glaciar. Ahora nada puede salir de Bokerovania, y nada entrar. Y quien está dentro es el Mercader.

lunes, mayo 30, 2005

Ya lo descubrí

No encuentro a quien busco porque quien busco no existe y si existiera no me prestaría atención.

lunes, diciembre 06, 2004

Lo que pasa en mi mente

En la mente de cada persona hay una montaña, enorme, una cumbre de pensamientos. Emerge, más allá de las nubes, tan alto que la luz se hace insoportable en su cima. Las nubes de lo que vemos se arremolinan a su alrededor, mezclándose con las perpetuas nubes de lo más alto. En varios puntos, la montaña deja un hueco lo suficientemente ancho como para vivir, más cercano o más lejano de la cumbre, un pequeño templo, que cada uno elige.
La base de la montaña se hunde en la profunda ciénaga de oscuridad que es la locura, tan insondable y densa como un mar de brea o de negra y sólida piedra. Allí se retuercen los pensamientos más oscuros, los que lanzamos ladera abajo, o caen por el peso de su propia perversión, y se hunden lentamente, hasta quedar ocultos para nosotros.
Yo solía habitar en una pequeña cornisa, casi al pie de la montaña, donde aún hay suficiente calor como para que crezca vegetación. El verde de las hojas, los colores de los frutos, los aromas de las flores me acompañaban. Contemplaba la cima, sabiendo que algún día alguien me obligaría a subir, a lo más alto de la Cordura, la estéril realidad, pero disfrutando los instantes en la cálida ladera. A poca distancia, además, estaba la superficie de mi propia locura. Y de vez en cuando tiraba cubos de metal para extraer algunos de los terribles pensamientos, y usarlos. Ah, me agradaba tanto pescar en mi oscura locura cosas terribles que asustaban a los demás.
Pero algo ocurrió, y cada segundo la cornisa se estrecha. No tengo escapatoria ya, y pocos metros de cornisa quedan para mí. Minuto a minuto, me acerco al borde del abismo, y no puedo pararlo, y creo que tampoco quiero pararlo. Y llegará un momento en el que esté justo en el borde, y pueda ver mi imagen reflejada contra el negro alquitrán. Entonces cometeré la mayor locura de todas, tan desesperada que un salto al vacío se consideraría seguro.
Podría fallar, y entonces caería sin remedio en ese negro pozo, pero ya no me importaría, pues si fallo, tanto me daría morir.
Y podría conseguirlo, y alcanzar lo que más deseo en este Mundo, y entonces despertaré, porque conseguir eso no puede ocurrir fuera de las Tierras de Morfeo. Pero al menos habrá sido un bello sueño.

La Legión del Espacio
La Legión del Espacio