Se encontraba ya curado de sus heridas el Sol Gris. Las mil flechas que recibía antes de poder desenvainar si quiera su lápiz lo habían dejado postrado y dolorido. Pero con una sonrisa, como Guerrero de Batallas Perdidas que es, se levantó, y se dirigió, sabiéndose perdedor, de nuevo a Bokerovania.
Allí pasó el Tiempo como un fugitivo, sin alterar apenas nada de la ciudad, porque lo que está muerto apenas varía. Cuando un día el Sol Gris recibió una visita. Era la Tristeza, que con una melancólica sonrisa en sus labios, retornaba a él, como siempre hacía. Acarició las cicatrices del Sol Gris, haciendo que volvieran a doler, pero trayendo un paradójico alivio. Y acabaron en el lecho, ella llenando de besos helados el pecho de él, hasta que el alba comenzó, tiñendo de oro las eternas nubes sobre Bokerovania.
Se levantó el Sol Gris, y se dirigió al exterior, justo al lado de la esfera rota del reloj, para contemplar el amanecer. Cuando vio en los límites de su helada muralla una figura. La Curiosidad, desde su escondrijo tras los ojos, hizo al Sol Gris dirigirse al interior, al enorme telescopio dorado que, oculto tras el cristal del reloj, le permitía observar su reino. Y allí en la frontera enfocó el telescopio, para ver una figura femenina.
Una simple manta marrón la rodeaba por completo, dejando sólo a la vista un rostro curtido y oscurecido por los días vagando en los desiertos. Bajo su capa, algo vibraba con la voz de los demonios de las arenas. El puro desamparo se reflejaba en aquellos ojos de noche estrellada. Era la Soledad.
No atravesó las puertas. El Sol Gris sabía que las murallas no podían detenerla, es más, facilitaban su presencia. Pero ignoró Bokerovania, dio media vuelta, y se alejó sin prisas de allí. No consintió la Soledad pisar Bokerovania, de tan solitaria que era aquella ciudad.
Y una vez más el Sol Gris se perdió en los brazos de la Tristeza.
domingo, agosto 07, 2005
Soledad
Escribió estas palabras
Vlad_Temper
en la noche del
domingo, agosto 07, 2005
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lágrimas secas
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jueves, febrero 24, 2005
Estaciones
Nací al frío, y frío soy. No me importa que el viento helado acaricie mi piel pues un bosque de hielo desgarra mis entrañas. Yo soy el Frío del Invierno, que viaja en la gris luz del sol apagado y los atardeceres tempranos. La melancolía, lo llaman, ese sentimiento de fría humedad que se cuela entre las articulaciones del cuerpo y la mente hasta inundar toda el alma con su laxitud y su quieto llorar interior. Es el sentimiento del Invierno solitario, de las habitaciones vacías y las luces apagadas, donde puñales de escarcha atraviesan las costillas. Es en Invierno cuando soy quien soy: la Melancolía, el Frío, El Que Espera en falsa calma, con toda la paciencia de la nevada constante, y la seguridad del hielo polar de saber que no deberá pelear por extinguir la pequeña llama de esperanza, que su sola presencia hace que merme, poco a poco, hasta que tan sólo queda Oscuridad. Soy un siervo de la Oscuridad.
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Vlad_Temper
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